Izkue
Después de varios largos meses, tras muchas sesiones de bicicleta sin ningún objetivo en el horizonte, llego la hora de ponerse un dorsal de nuevo. Fue el 2 de agosto, en el municipio de Izkue, en el campeonato de Euskadi de XCO.
Me coloqué en la línea de salida, sin ninguna presión, con la única intención de dar un apretón al cuerpo, ver que tal me encontraba y realizar un entrenamiento de calidad de cara a la carrera por etapas de “Colina triste” que se iniciaba cuatro días más tarde. Después de cumplir todos los protocolos referentes al Covid19, casi para darnos cuenta, estábamos en marcha.
Salí en última posición por haber alargado demasiado el calentamiento para la carrera, y nada más comenzar, empecé a remontar posiciones. En seguida llegamos al primer sendero del circuito, y al entrar en él, el grupo se puso en fila de a uno y empezaron a hacerse las primeras diferencias.
Sin sitio para adelantar en los senderos, aprovechaba los trozos de pista que había entre sendero y sendero para aumentar el ritmo y tirar para adelante. Iba con buenas sensaciones, adelantando muchas posiciones, y cuando había dado una vuelta y media al circuito ya me encontraba en un grupo que rodaba entre la 5ª y 10ª posición.

Pero cuando me encontraba en esta situación, mala suerte, pinché la rueda trasera. Tuve ganas de retirarme allí mismo, pero proseguí a pie hasta la línea de meta para cambiar de rueda en la zona técnica y seguir apretando un poco al cuerpo. Cambiamos la rueda y retomé la marcha, habiendo ya perdido el hilo de la carrera, ya que nunca suele ser lo mismo la situación después de pinchar en el XCO, pero apretando, con la intención de hacer un buen entrenamiento.
Empecé a ir de atrás para adelante de nuevo, pero nada más empezar la tercera vuelta volví a pinchar. Mala suerte de nuevo, pero viendo que tenía que dar una vuelta casi entera a pie para llegar a la zona técnica, decidí abandonar.
Día de mala suerte. De todos modos, viendo lo remontado, el ritmo y las sensaciones que tuve en carrera, me quedé con buen sabor de boca, y sobretodo, motivado de cara a afrontar la carrera de “Colina triste”.