Colina Triste

En este año tan extraño donde la mayoría de pruebas internacionales del calendario UCI han sido anuladas, el poder tomar parte en la carrera de Colina triste era toda una excepción, por lo que todos los corredores de renombre participaron en él haciendo que el nivel de la carrera fuese muy alto. Tuvimos la incertidumbre de si la prueba se disputaría o no rondando en nuestras cabezas hasta el último día, acrecentada por las noticias de diferentes confinamientos perimetrales que se les estaban aplicando a algunas ciudades españolas.

Foto: Seaparic photography (https://www.facebook.com/sergio.aparicio.1297)


De esta manera, nos dirigimos hacia El Burgo de Osma el que sería mi pareja en esta carrera, el azpeitiarra Joseba Albizu y yo. Colina triste es una carrera que se disputa por parejas, y en mi caso, tuve el privilegio de formar equipo con Joseba Albizu. Joseba es un ex-profesional del ciclismo en carretera, el cual ha competido en BTT los últimos años logrando importantes victorias como varios campeonatos de Europa de ultramaratón entre otros.

1ª etapa

El 6 de agosto nos encontrábamos en la línea de salida, en la cual había un nivel muy alto, y como era previsible, la carrera salió a una velocidad endiablada. El alto nivel de los participantes y el no haber disputado una prueba en muchos meses era la causa del alto ritmo, pero el recorrido de esta primera etapa transcurría por pistas anchas en casi toda su totalidad, lo cual ayudaba también a que el ritmo fuese muy alto.

A unos 15-20 minutos de haber empezado la etapa, se produjo una caída en las posiciones cabeceras del grupo, y aunque pudimos evitarlo, nos vimos cortados debido a que se produjo en el lado del grupo en el que nos encontrábamos.

El ritmo del grupo cabecero era muy alto, por lo que nos era prácticamente imposible enlazar con él por muy cerca que nos encontrásemos. De todos modos, al poco tiempo nos alcanzó una pareja del potente equipo DMT que se vio implicado en la caída, y el seguir su estela nos ayudó mucho, ya que rodaban a muy buen ritmo y detrás de ellos podíamos guardar algo de fuerzas.

Rodamos así durante unos cuantos kilómetros hasta que llegamos a un corto tramo en bajada que discurría por un sendero. En él, algunos integrantes de nuestro grupo bajaron muy lentos, y nosotros nos encontrábamos detrás de ellos, sin espacio para adelantarlos, por lo que perdimos la estela de la pareja del DMT.

De todos modos, aunque perdimos esta valiosa referencia y ayuda seguimos pedaleando fuerte, y poco a poco íbamos ganando posiciones en carrera.

Pero entorno al kilómetro 55 todo se empezó a torcer. Empecé a tener calambres, por lo que tuve que levantar un poco el pie para que la situación no fuese a peor. El tramo que discurría desde este punto hasta meta fue un ejercicio de supervivencia, intentando minimizar las perdidas.

Al final, nos clasificamos en 27º lugar en meta. Llegué muy justo a meta. Sentí un poco de rabia, más por frenar a Joseba que porque estábamos haciendo una buena carrera, le impedí clasificarse en la posición que se hubiese merecido.

2ª etapa

Con la intención de darle la vuelta al resultado del día anterior, y con ganas de ahuyentar la sensación de decepción, salimos llenos de moral el segundo día. Está segunda etapa también, salió muy rápido y en seguida se hicieron los primeros cortes. Ibamos rápido, y aunque nos costaba trabajo, aguantábamos en el grupo cabecero evitando o resolviendo los cortes.

Cuando llevábamos alrededor de la primera media hora de la etapa realizada, el infortunio. Joseba se cayó en una curva a izquierdas con tan mala suerte de que golpeó unas piedras del suelo con su rodilla. Se hizo un corte muy feo, de manera que se le quedó un trozo de piel colgando. De todos modos, en seguida retomó la marcha. Le dije que se lo tomase con tranquilidad, que si hacía falta ya nos pararíamos o que si hiciese falta incluso nos retiraríamos, que la salud es mucho más importante que la carrera. Pero la tenacidad de Joseba es impresionante, y tras unas primeras pedaladas algo más suaves de lo habitual, puso el trozo de piel que le colgaba más o menos en su sitio con la mano, y volvió a pedalear con fuerza en seguida.

Retomamos la carrera a un alto ritmo, avanzando poco de atrás para adelante. Pero después de unos cuantos kilómetros, pasó lo que se volvería a repetir los próximos días. De repente, iba mal, muerto, arrastrándome. Estábamos soportando temperaturas altas, íbamos realizando un gran esfuerzo, pero la situación no era normal. Me encontraba vacío de golpe, no era una “pájara” normal. Además, me pasó más o menos a mitad de la etapa, muy pronto, no era un agotamiento normal. A día de hoy, todavía no sabría explicar que me pasó.

Continuamos de esta guisa, lentos, yo con dificultades y Joseba, desafortunadamente, esperándome. En este estado, nos juntamos con la agradable pareja formada por Julen Zubero y Jose Luis Gómez y continuamos para adelante. Al encontrar una fuente nos paramos a coger agua, ya que hacía falta y tenía claro que el nuevo objetivo era terminar el día como pudiese. Los ánimos de la mujer que nos encontramos junto a la fuente tampoco ayudaron demasiado, nos dijo que hacía mucho calor, que nos quedaba mucho todavía y que el recorrido que nos quedaba era duro. ¡Unos comentarios ideales para emprender la marcha motivados!

Tras algunos kilómetros, Joseba pinchó la rueda, y aunque reparó el pinchazo rápidamente, el grupo en el que rodábamos se nos escapó.

La última parte de la etapa era realmente dura. En él, avanzaba lentamente como buenamente podía, bajo un calor tremendo, sediento. Teníamos una ayuda estupenda en los puntos de avituallamiento ya que en ellos, el padre y el hijo de Joseba nos daban todo lo que necesitásemos con rapidez. De todos modos, me quedé sin agua al final de la etapa, y en las últimas rampas del puerto, iba completamente muerto, mareado. El esfuerzo, la sed, el calor… todos los factores influyeron en mi cuerpo, e iba muy mal.

De alguna manera, logré alcanzar la línea de meta, totalmente vacío, apenado por la sensación de que estaba siendo una carga para Joseba. Nos clasificamos en el 42º puesto, muy mal. Pero el peor parado fue la rodilla de Joseba. Le dieron 4 puntos después de reabrir la herida y limpiársela bien. Cojeaba un poquito al caminar, pero encima de la bicicleta, no podía seguirle; y ni un solo ápice de la más minima queja. ¡Un hombre realmente duro!

3ª etapa

De esta manera, después de dos malas etapas, abordamos la tercera etapa. La salida fue muy rápida, ya se había convertido en una costumbre, y en seguida se vio que muchas parejas iban a pagar el esfuerzo realizado el día anterior.

Esta tercera etapa era más montañosa que las anteriores, y al poco de salir empezamos a subir. Hicimos muy bien la primera subida y bajada, a buen ritmo, llegando a rodar en un buen puesto. La segunda subida también, la hicimos bien, y rodábamos a gusto, pero cuando descendíamos por un sendero, llegamos a un cruce sin ninguna señalización. Nos habíamos equivocado en algún cruce previo y nos habíamos perdido. Tuvimos que ascender unos 10-15 minutos con la bici en la mano para volver a entrar en el recorrido de la etapa.

Al llegar al trazado de la etapa reprendimos la marcha. De todos modos, después de lo acontecido los días previos, no nos importó mucho lo sucedido, ya estábamos perdidos en la clasificación general desde antes.

Al final del próximo puerto, al igual que el día anterior, me encontré vacío de golpe. No podía, me tuve que parar a tomar un poco de aire, aquello no era normal.

A duras penas, conseguí coronar el puerto, y encaramos una preciosa bajada. Pero una vez más, mala suerte. Al final del descenso, pinché la rueda trasera, por lo que, tranquilamente, reparamos la rueda y emprendimos la marcha.

Al terminar la bajada nos alcanzó el dúo Zubero-Gómez, igual que el día anterior. Junto a esta pareja rodamos por un tramo que iba por un bosque junto a un río, un tramo precioso, al rápido ritmo marcado por Julen Zubero, rápido pero a gusto, disfrutando de sobremanera.

Al final de la última subida del día empecé a vaciarme de nuevo, y pasé por la cima muy justo de fuerzas. Al poco tiempo de haber empezado a bajar, volví a pinchar la rueda trasera, pero está vez rajé la cubierta, por lo que tuvimos que meter una cámara para reparar y poder terminar la etapa, a pesar de que nos encontrábamos a solo 3 o 4 kilómetros de meta. Pasamos un montón de tiempo reparando el pinchazo, pero ya no nos importaba.

Al final, otra etapa nefasta. Llegamos en 38ª posición, habiendo perdido un montón de tiempo. ¡Fatal!

4ª etapa

¡Ultima etapa! Salimos en la última etapa con ganas de gastar las últimas fuerzas y terminar con un buen sabor de boca tras las tres etapas de infortunio previas.

Nada más salir, empezábamos a subir. Al llegar a los primeros tramos de sendero se produjeron los primeros tapones, en los cuales me quedé bastante atrás, y tuve que emplearme duro para poder tirar para adelante y poder llegar a la rueda de Joseba, pero llegué, y rodábamos en buena posición. Al terminar el primer puerto, no empezaba el descenso en seguida, se rodaba por unos cuantos kilómetros de sube-baja antes de emprender el descenso, y en este tramo tuve que sufrir mucho para no descolgarme del grupo en el que rodábamos, ya que iba haciendo la goma.

Pero al llegar por fin al descenso, numerosos corredores que venían por detrás se unieron al grupo debido a que bajamos muy lento; un corredor que circulaba en las posiciones cabeceras del grupo creo un tapón importante.

Tras el descenso teníamos numerosos kilometro por pistas anchas y llanas, y rodábamos en un numeroso grupo. En esta situación llegamos al primer avituallamiento del día, y aquí cometí el gran error del día. Quería coger agua, pero no vi ni al hijo ni al padre de Joseba, y no pude coger nada de agua. Además, el parar no era una opción, ya que si hubiese parado hubiese perdido la estela del grupo y debido al recorrido de la etapa, era muy importante mantenerse en el grupo.

En los próximos kilómetros, en algunos arenales, el grupo se rompió en varios grupitos. En uno de estos arenales me pilló un corte provocado por la pareja del Orbea Factory, pero Joseba había quedado adelante, y tuve que darme un buen calentón para llegar al grupito de Joseba.

Iba soñando con el segundo avituallamiento durante bastantes kilómetros, sin agua y realmente sediento, muy justo. A unos 500 metros de llegar a este punto, empecé a descolgarme un poquito del grupo, pero ya estaba allí. Al fin, llegar al soñado lugar, cogí dos bidones de agua, me bebí otro casi por completo de un solo trago, y tras comer rápidamente un gel, volví a ponerme en marcha de nuevo.

Pero era demasiado tarde. Nada más salir del avituallamiento comenzaba la última subida, pero avanzaba con dificultad.  Me costó unos 10-15 minutos el darle un poco la vuelta al cuerpo. Avancé penosamente, de manera que me adelantaron numerosos corredores, y al llegar al último cuarto de la subida empecé a recuperar un ritmo medianamente digno otra vez.

La última bajada era muy bonita, bastante técnica, y bajé muy rápido intentando recuperar algo del tiempo perdido. Desde el final de la bajada a la línea de meta había unos 5-10 kilómetros, totalmente llanos, por pista, kilómetros de pedalear duro. Además, el viento soplaba en contra y costaba mucho avanzar, pero poco a poco, sufriendo, me acercaba a la llegada. Joseba tiró para adelante en el avituallamiento y me esperaba algo antes de la línea de meta para cruzarla juntos.

Llegamos en 25º lugar. Terminé especialmente descontento esta etapa. Para una etapa en la que no tuvimos problemas, volví a fallar.

Nos clasificamos en el 34º puesto en la clasificación general. Muy mal, ya que nos pasó de todo, pero no hay escusas, en el puesto obtenido los factores más influyente fueron mis errores y mi rendimiento. Una carrera para olvidar. Espero que por lo menos valga para poder aprender de los errores cometidos. Lo que más rabia me da es el no haber estado a la altura que exigía el tener una pareja tan estupenda como Joseba. Además, Joseba, tuvo una paciencia tremenda esperándome durante toda la carrera y no puso ni siquiera una mala cara en ningún momento durante los cuatro días. ¡Perdona Joseba!

Antes de terminar, quisiera agradecer su ayuda al padre y al hijo de Joseba. Fueron unos estupendos ayudantes durante toda la carrera, siempre dispuestos a ayudar, no nos faltó de nada.