San Markos 2020

El pasado 1 de marzo me puse el primer dorsal de la temporada. Teniendo en cuenta las sensaciones que había tenido a lo largo de la pretemporada y sobretodo durante las últimas semanas, sabía que no me encontraba en un buen estado de forma. Por ello, me coloque en la línea salida con la única intención de hacerlo lo mejor posible y mejorar un poquito mi punto de forma.

En la salida, perdí mucho tiempo no pudiendo meter la cala en el pedal y me situé n las últimas posiciones. Durante el calentamiento le di una vuelta al embarrado circuito y no me acordé de limpiar las suelas de las zapatillas antes de la salida. Subí el primer repecho sin poder adelantar posiciones, y llegué a la primera bajada con ganas de adelantar posiciones, buscando espacios en donde no había.

¡Error! Entré demasiado rápido en una curva sin ninguna dificultad y me di un golpe bastante grande. Tardé bastante tiempo en reincorporarme. La carrera no había hecho más que empezar y ya me encontraba en una posición muy retrasada, totalmente perdido.

De todos modos, a medida que avanzaba, vi que no iba nada. No tenía fuerza en las piernas, me “llenaba” enseguida…

Toda la carrera transcurrió así. Lento, torpe y sufriendo mucho. Ya sabía que mi estado de forma era malo, pero lo de San Markos fue demasiado. Me atrevería a decir que fue más que un día malo. No sé a ciencia cierta lo que fue, pero solo me queda la esperanza de pensar que no ocurrirá de nuevo. De todos modos, se aprende mucho de los días malos, y estos ayudan también a valorar mejor los días buenos.

Fue un mal día, pero en todo momento tuve claro una cosa, ¡que no me daría por vencido y que por muy mal que fuese, llegaría a cruzar la línea de meta!